jueves, 17 de abril de 2014

No fue un viaje cualquiera


Hacía varios meses que había surgido la posibilidad de ir a Jordania. Para mí era un país desconocido, en el que solo tenía claro que se comía bien y tenía que ir a visitar Petra.

El viaje se hizo esperar, pero llego en un momento especial, y como es costumbre en mis aventuras a lugares desconocidos, prepare mi mente y mi cuerpo para estar abiertos a todo lo que vieran, olieran, sintieran, tocaran… sin ideas preconcebidas, sin planes…

Solo, durante días, leí sobre Petra, como se construyó, porque, cuando, quien, sus gentes, sus costumbres…. Todo esto sirvió para que mi mente abierta entendiera lo que mis sentidos le iban a transmitir.

Es ridículo decir a estas alturas que Petra es impresionante por el color de sus piedras, por sus construcciones, por la antigüedad, por el lugar escondido en el que esta…. todo el mundo lo sabe y además, no es lo único que visité en este maravilloso país.

Si algo me paralizo y me puso carne de gallina fue su sonido, el rebuznar de los asnos en Petra, la risa de los niños en Wadi Musa, el silencio en Wadi Rum, el murmullo del agua del Mar Muerto… fue como abrir una puerta dentro de mí por donde penetrara como un vendaval la esencia de esta tierra.

La sencillez de su gente, orgullosos de los que son y lo que fueron, sin querer vender nada que no exista, nada que no ocurriera, ni ocultando lo que fueron y son. Nómadas que forman parte del desierto, que viven en él y con él. Niños felices jugando descalzos en la calle rodeados de tierra roja que huele a paz. Ancianos que siempre te reciben con una sonrisa y un vaso de té. Jóvenes mostrando una sonrisa de blancos dientes en contraste con su piel oscura y los ojos pintados con kohl. Gente feliz que se ofrece a hacerte fotos con tu móvil para que disfrutes de lo que la naturaleza le dio a este país y te lleves un recuerdo. Un mar, que de mar y muerto solo tiene el nombre, porque es un remanso de paz, lleno de vida, un regalo de la naturaleza a un lugar donde realmente lo saben apreciar y disfrutar, con respeto y orgullo.

Gracias Jordania, gracias por darme 5 días de paz, ilusión y esperanza. Gracias por esta gran lección.

Prometo que volveré.

 
Escrituras nabateas en Wadi Rum

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